lunes, 7 de abril de 2008

El portero del prostíbulo y como convertir las crisis en oportunidades

Uno de los empleos peor mirados del pueblo era ser el portero del prostíbulo. El hombre estaba allí, pues no sabía leer y no tenía ninguna otra habilidad, ni conocía ningún oficio.

Un día, compró el prostíbulo un comerciante que decidió modernizar el negocio. Por lo cual citó a todo el personal para comunicar las nuevas líneas de trabajo. Al portero, le dijo:

- “A partir de hoy, Ud. va a preparar un informe semanal sobre el ingreso de personas y sus opiniones”.

- "Pero, Señor, yo no se leer ni escribir." Le dijo el portero.

- "¿Cómo?... cuánto lo siento, pero entonces tendré que prescindir de sus servicios.".


-"Pero señor, usted no me puede despedir, ¡Trabajé en esto toda mi vida!...y no sé hacer otra cosa" exclamó el portero. –


- "Mire, yo lo comprendo y lo siento mucho, pero no puedo hacer nada por usted.".


El portero sintió que el mundo se le venía encima, pero luego recordó que en el prostíbulo, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, el lograba repararlas. Pensó que esa podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo, pero solo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza arruinada.

Decidió, entonces, que usaría parte del dinero de la indemnización por despido para comprar una caja de herramientas completa. Como en el pueblo no había ninguna ferretería, tenía que viajar dos días en mula para ir al pueblo mas cercano a realizar la compra. Ensilló el animal y emprendió el viaje.

Habiendo regresado ya a casa, cierto día un vecino llamó a su puerta:


- “-¡Hola vecino!, vengo a ver si tiene un martillo que me pueda prestar".

- " Sí, tengo uno, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar- "


- “Entiendo, pero yo se lo devolvería mañana temprano".


- "Está bien!”,
dijo el ex portero y se lo prestó. A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.

-“Mire amigo, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende-?”


- “¡No puedo!, lo necesito para trabajar y además la ferretería está a dos días de camino-”


- “Hagamos un trato, - dijo el vecino- Yo le pagaré los días de ida y vuelta mas el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece-?"


Como la propuesta le daba trabajo por cuatro días aceptó. Montó su mula fue al pueblo y a su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

- “¡Hola, vecino! Usted le vendió un martillo a mi amigo, vengo a decirle que yo necesito unas herramientas y estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje, mas una pequeña ganancia... pues, mire, lo cierto es que no dispongo de tiempo para el viaje.-”

El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

Mientras iba por el camino recordaba las palabras de su vecino: “-No dispongo de cuatro días para ir a comprar las herramientas.-” Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas.

En el viaje siguiente, invirtió un poco mas de dinero y trajo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes. La voz empezó a divulgarse por el pueblo y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas, viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Con el tiempo alquiló un galpón para almacenar las herramientas y algunas semanas después, adaptó una vidriera y el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo.

Todos estaban muy conformes con el ahora comerciante y le compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos, ya que era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ahorrarse los días de camino al otro pueblo.

Un día, se le ocurrió que su amigo el tornero, podría fabricarle las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no?, las tenazas, las pinzas, los cinceles, y luego fueron los clavos y los tornillos..

En diez años, aquel hombre se transformó en millonario con su trabajo como comerciante y fabricante de herramientas.

Un día decidió donar una escuela a su pueblo. En ella, además de leer y escribir, se enseñarían las artes y oficios más prácticos del momento. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves del pueblo, hizo que cortara la cinta, lo abrazó y le dijo:

- "Es un gran orgullo para nosotros agradecerle por este gesto tan meritorio para nuestra comunidad el que usted nos haya donado esta escuela; le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas.-”

- “El honor sería para mi.-”
dijo el hombre. “Nada me gustaría más que firmar allí, pero no se leer ni escribir.-”

- “¿Usted iletrado?...-”
dijo el Alcalde que no alcanzaba a creerlo. “¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? ¡Estoy realmente asombrado!. Me pregunto, ¿Qué hubiera sido Ud. si hubiera sabido leer y escribir?”

- “Yo se lo puedo contestar-”
respondió el hombre con picardía, y dijo: “Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!-” Pero luego agregó: “Si me hubiera educado, con mi espíritu emprendedor habría logrado lo que tengo en menos tiempo y con mejores resultados, por eso para ayudar a otros, estoy donando una escuela”.

Cocnlusión:

Debemos tener la mente abierta para aprovechar las crisis que provocan los cambios, para convertirlas en mejores oportunidades en nuestra vida, incluso estando en las peores condiciones y con grandes desventajas.

(Autor anónimo).

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