Riesgos para una recuperación económica sostenida. Es el título de un artículo que el Lic. Juan Carlos Arcos Yáñez envió como mensaje a los miembros del Club Galicia Internacional y que por interés decidí reproducir en este sitio, con la autorización del autor.
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Riesgos para una recuperación económica sostenida.
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Entre los riesgos al alza, los efectos derivados de las importantes medidas de estímulo macroeconómico que se están aplicando y de otras medidas adoptadas podrían ser mayores de lo esperado. La confianza también podría mejorar con más rapidez, el empeoramiento de los mercados de trabajo podría ser menos acusado de lo esperado anteriormente y la demanda externa podría ser más fuerte de lo previsto.
Respecto a los riesgos a la baja, sigue existiendo la preocupación de que la espiral de reacciones adversas entre la economía real y el sector financiero pueda tener mayor intensidad y duración de lo esperado y de que se produzcan nuevos aumentos de los precios del petróleo y de otras materias primas, una intensificación de las presiones proteccionistas y una corrección desordenada de los desequilibrios mundiales.
Las subidas de los impuestos indirectos y de los precios administrados podrían ser más intensas de lo esperado actualmente debido a la necesidad de saneamiento presupuestario en los próximos años.
Según el Fondo Monetario Internacional , los riesgos a la baja para el crecimiento están disminuyendo gradualmente pero siguen siendo preocupantes.
El principal riesgo a corto plazo es que la recuperación se estanque y se afiancen las fuerzas deflacionarias. El abandono prematuro de las políticas monetarias y fiscales acomodaticias, posiblemente impulsado por la creciente preocupación por la intervención del gobierno y las medidas no convencionales adoptadas por los bancos centrales, parece ser un riesgo considerable porque el repunte inducido por estas políticas podría confundirse con el comienzo de una vigorosa recuperación. Además, podría haber resistencia a extender el apoyo durante un período suficientemente largo para permitir una recuperación sostenida de la demanda privada.
Los avances en la reestructuración de los balances podrían verse afectados por el aumento del desempleo, incrementos mayores de lo previsto de la morosidad de los préstamos inmobiliarios residenciales y comerciales, y un mayor número de quiebras corporativas. Dado que el nivel de capitalización de los bancos es bajo, las condiciones financieras podrían endurecerse aún más.
A nivel más general, muchos shocks que, de lo contrario, podrían absorberse —por ejemplo, un nuevo brote virulento de gripe porcina o tensiones geopolíticas que eliminen el exceso de capacidad en el sector petrolero— pueden tener un importante impacto desestabilizador, dada la situación vulnerable de la economía mundial y el sistema financiero.
Algunas medidas de política económica han logrado disipar el temor a un derrumbe de la actividad económica y han impulsado un repunte de la confianza en los mercados financieros, lo que podría generar una escalada del consumo y la inversión en varias economías avanzadas y emergentes. En otras palabras, del mismo modo que se subestimó la crisis de confianza durante la espiral descendente, también podría subestimarse la recuperación de la confianza durante el repunte. Los datos de los mercados también apuntan a otros riesgos a corto plazo que amenazan la recuperación.
Gran parte del reciente repunte de los precios del petróleo está relacionado con los recortes de la producción realizados por los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo con el objetivo de estabilizar los precios en respuesta a la caída de la demanda. Una preocupación principal en los mercados es que el encarecimiento del petróleo pueda frenar la recuperación económica. De hecho, los precios del petróleo casi se han duplicado desde su nivel mínimo registrado a principios de este año, y los precios de las opciones apuntan a nuevos riesgos al alza. En este contexto, la considerable capacidad excedentaria y los altos niveles de existencias deberían reducir el riesgo de una escalada de precios sostenida, salvo que se produzca un evento geopolítico importante.
Las proyecciones se basan en el supuesto de que los precios no se encarecerán mucho más. Esto no descarta que puedan producirse repuntes temporales de precios, posiblemente empujados por presiones especulativas, aunque los factores financieros no pueden impulsar cambios permanentes de los precios reales.
Otra preocupación en los mercados es el riesgo inflacionario, a saber, que los bancos centrales tengan que endurecer la política monetaria mucho más de lo previsto para aplacar presiones inflacionarias. El riesgo infl acionario proviene de dos fuentes. En primer lugar, es posible que el producto potencial se haya reducido en vez de haberse apreciado, como ocurrió a finales de los años setenta, después de una prolongada desaceleración de la actividad que las autoridades económicas tomaron como cíclica en lugar de estructural. Las presiones inflacionarias subyacentes serían entonces mayores de lo que se desprende de los datos actuales sobre la inflación y podrían intensificarse si la recuperación nos sorprende al alza.
En segundo lugar, el notable aumento del exceso de reservas de los bancos centrales generado por las medidas de política monetaria no convencionales podrían alimentar un repunte del crecimiento del crédito cuando la recuperación cobre fuerza. Como se señala a continuación, los bancos centrales deberán, por tanto, observar detenidamente la evolución del mercado y utilizar una amplia gama de instrumentos para endurecer las condiciones monetarias si se intensifican las presiones, aunque esta situación no parece inminente.
Para algunas economías emergentes, en cambio, los riesgos inflacionarios parecen ser más apremiantes.
Algunas economías ya están viendo aumentos significativos de los precios de los activos en respuesta a las bajas tasas de interés y a las condiciones crediticias menos restrictivas, y estas presiones podrían verse agudizadas por fuertes afluencias de capital atraídas por el dinámico desempeño de estas economías.
Ampliando el horizonte al mediano plazo, existen dos riesgos importantes que amenazan una recuperación sostenida:
En el frente financiero, el continuo escepticismo del público en torno a lo que se percibe como el rescate de las propias empresas responsables de la crisis podría erosionar el respaldo de los ciudadanos a favor de una reestructuración financiera, lo que prolongaría la crisis. El resultado sería una recuperación aún más lenta o, posiblemente, una contracción del crédito de larga duración.
En el frente de política macroeconómica, el riesgo más grave es el deterioro de la situación fiscal, en parte como resultado de las medidas para apuntalar el sector financiero. El fuerte aumento de la deuda pública y los pasivos contingentes incurridos para estimular la economía y estabilizar los sistemas financieros ya han generado preocupación en los mercados financieros. Si la recuperación se estancara y fuera seguida por un largo período de estancamiento o de crecimiento muy bajo, los déficits y la deuda podrían agrandarse hasta niveles difíciles de mantener.
Aparentemente, los problemas aparecerían primero en las economías avanzadas y emergentes vulnerables, particularmente en aquellas con sectores financieros grandes en relación con el tamaño de sus economías o con bases de ingresos bajas y altos niveles de deuda pública (sobre todo a corto plazo). Esto podría desencadenar otra contracción de los flujos de capital, que podría afectar a otras economías avanzadas y emergentes. Podría producirse otra crisis de confianza, un ajuste brusco de las monedas y una caída drástica de la demanda, lo que posiblemente generaría preocupación por la sostenibilidad fiscal, aun en el caso de las principales economías avanzadas. Los inversionistas podrían reaccionar ante dicha preocupación convirtiendo sus instrumentos en bonos públicos o corporativos emitidos en economías con un bajo nivel de deuda pública, como posiblemente algunas economías emergentes, o comprando grandes cantidades de metales preciosos. En ambos casos, la economía atravesaría una profunda turbulencia y un largo período de escaso dinamismo de la actividad.
Conviene prestar atención a otros dos riesgos:
Primero, si bien los precios del petróleo presentan algunos riesgos a corto plazo, los riesgos que a mediano y largo plazo que éstos plantean para el crecimiento mundial son mayores. A medida que se absorbe la capacidad excedentaria, los precios podrían aumentar bruscamente hasta niveles muy altos, como ocurrió durante la anterior reactivación. El riesgo se ve intensificado por los recortes de la inversión en ampliaciones de la capacidad efectuados durante la actual desaceleración y la persistente incertidumbre en torno a los regímenes de inversión petrolera en algunos países que han aplazado sus inversiones en nuevos yacimientos.
Segundo, aunque la colaboración internacional ha contenido en gran parte las presiones proteccionistas comerciales y financieras hasta el momento, estas podrían intensificarse a medida que aumenta el desempleo y se agravan los problemas sociales. Algunas economías podrían erigir entonces obstáculos a los flujos comerciales y financieros, llevando a otras a adoptar medidas de represalia. Los mercados financieros podrían reaccionar rápidamente y de forma contundente, previendo futuras pérdidas de beneficios y productividad, lo que provocaría otra espiral a la baja de la actividad.
Juan Carlos Arcos Yáñez
Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de A Coruña.
Director Financiero y Administrativo del Grupo San Martin.
Fuentes: "Perspectivas de la Economía mundial". Fondo Monetario Internacional.
"Editorial". Banco Cental Europeo
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miércoles, 11 de noviembre de 2009
Riesgos para una recuperación económica sostenida.
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